La tarde de viernes se tornó lluviosa. Mis padres me dijeron lo mismo de siempre en estos casos: ”Si corres cinco mil metros lloviendo como está, vas a coger una pulmonía”. Día 24 de mayo de hace unos cuantos años, el ayuntamiento de mi ciudad organizó una carrera en honor a la Patrona de mi colegio. La ocasión merecía un buen chapuzón.
Me gustaba correr, lo hacía bien, estaba en un equipo regional y me motivaba superarme. Era la edad de los compromisos ante los amigos y ante uno mismo. Sabía que me esperaban en la meta y no podía fallar. Tras la salida iba en posiciones de cabeza no quería mirar atrás, pero tropecé y, al hacerlo, me di cuenta de que no venían corredores detrás de nosotros. Sigue leyendo





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